v Las representaciones acerca de lo que significaba la pobreza: estado de
desposesión material y cultural que podía ser superado por medios propios fundamentalmente,
a través de la inclusión en el espacio de la escuela.
v Hoy, las representaciones y
visiones que se construyen alrededor de la pobreza son diferentes.
v En las escuelas la pobreza es visualizada como un límite infranqueable,
como una situación determinante de las posibilidades de aprendizaje de los
alumnos.
v La apuesta es la educación anclada en los procesos de transmisión no
mecanicista. La condición es que el trabajo educativo juegue
contra la asignación cierta de un futuro que se supone ya previsto.
v La condición de pobreza inscribe en el cuerpo de los sujetos marcas que
pueden llegar a ser del orden de lo irreversible.
v Nuestra tarea se juega en la compleja tensión entre no dejar a los niños
librados a sí mismos y a sus propios recursos, y no ejercer sobre ellos la
violencia que implicaría el desprecio, la piedad, la compasión que no hacen
otra cosa que sostener y profundizar la desigualdad.
v El concepto de equidad designa igualdad de oportunidades y compensación
de las diferencias. La equidad implica, pues, dar oportunidades a todos los
educandos para desarrollar sus potencialidades y para lograr hacer el mejor uso
productivo y de realización personal de estas potencialidades en el futuro.
v La educación va más allá de los aprendizajes porque el acto educativo
reenvía a lo porvenir, a lo que aún no es, no tenemos, pero que sin el
aprendizaje no podemos lograr.
v La educación es un tiempo que sólo podemos atisbar en la medida de
nuestra confianza en ese otro radical que es el sujeto con el cual trabajamos.
“Algo hará, no se qué exactamente…”
“Tal vez la preocupación, la responsabilidad por el otro se refleje certeramente en una imagen de hospitalidad, una hospitalidad sin condición, una hospitalidad que no pide nada a cambio. Una hospitalidad que no haga del otro un deudor eterno de una deuda que siempre, será impagable. Por eso, tal vez acoger al otro en la educación sea más bien recibirlo sin importar su nombre, su lengua, su aprendizaje, su comportamiento, su nacionalidad”.
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