Cartas a quien pretende enseñar!!
Hoy los educadores se enfrentan al “desafío” de educar en contextos críticos como lo es “la pobreza”. Educar en contextos de pobreza es una tarea que se hace cada vez más difícil de sostener. El problema de la educación en contextos críticos no es nuevo, la diferencia radica en que en otros momentos históricos las representaciones acerca de lo que significaba la pobreza y, “ser pobre” eran radicalmente otras.
martes, 16 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
TRABAJO FINAL: Educación en contextos críticos (Pedagogía crítica de las diferencias)
INTRODUCCIÓN
Hoy los
educadores se enfrentan al “desafío” de educar en contextos críticos como lo es
“la pobreza”. Educar en contextos de pobreza es una tarea cada vez más ardua
que se hace cada vez más difícil de sostener.
La
preocupación central es la DESIGUALDAD EDUCATIVA y ésta dependerá de la
relación entre la escuela y la sociedad, del sujeto y la estructura social.
Bourdieu
dice que las condiciones sociales son internalizadas por los sujetos, quienes
actúan en consecuencia y reproducen inconscientemente el orden social. El niño
desde la socialización primaria construye su “habitus”, su esquema básico de
percepción y pensamiento estableciendo una relación con la cultura. En la
escuela estas formas culturales originarias tienen un efecto especial.
DESARROLLO
Cada
clase y cada familia transmiten en forma espontánea predisposiciones y
habilidades que determinan la educabilidad posterior del individuo, sus
aspiraciones, vocaciones, interés por la escuela, etc. El contacto con los
bienes culturales ejerce un efecto educativo. La cercanía o distancia de esta
cultura de origen con el capital cultural que distribuye la escuela
determinarán los “beneficios” diferenciales.
La
educación en contextos de pobreza se define con una población de alto riesgo
social y educativo, excluidos del sistema social. El sentido de ir a la escuela
dejó de estar asociado a la expectativa de trabajar. El fenómeno de la pobreza
se extiende poblando las instituciones públicas, son muchas las escuelas que se
asocian con el rótulo de escuela para pobres. Estas instituciones constituyen
los “circuitos diferenciados de educación”.
El
problema de la educación en contextos críticos no es nuevo, la diferencia
radica en que en otros momentos históricos las representaciones acerca de lo
que significaba la pobreza y, más concretamente “ser pobre” eran radicalmente
otras.
Básicamente
se la entendía como un estado de desposesión material y cultural, pero que
podía ser superado por medios propios, a través de la participación en los
distintos espacios de integración, fundamentalmente, a través de la inclusión
en el espacio de la escuela. La escuela formaba parte de una promesa de
integración y movilidad social.
Hoy,
las representaciones y visiones que se
construyen alrededor de la pobreza son diferentes. Hay en la actualidad una
profundización de la brecha social que arroja porcentajes inéditos en relación
a otros momentos históricos. Las nuevas condiciones sociales de existencia se
caracterizan por el debilitamiento de los estados nacionales garantes de
protecciones sociales, por la caída del trabajo asalariado, los elevados
índices de desempleo, la pérdida de la eficacia simbólica de instituciones como
la familia y la escuela, etc.
La
complejidad de este tiempo radica en la trama de múltiples y variadas
transformaciones sociales, políticas, culturales y económicas.
Hay
grandes modificaciones en las instituciones modernas tradicionales: trabajo,
familia, Estado, etc.
La
época actual puede definirse como una “modernidad líquida” en donde el poder y
el dinero fluyen. La oposición es “modernidad sólida”, ya desaparecida.
Cuando
una sociedad es homogénea, es decir, cuando no se observan diferencias
significativas en cuestiones económicas y sociales, entre sus miembros, se comparte
la misma cultura. Pero, como sucede en Latinoamérica, cuando la sociedad se
estratifica, y las brechas entre clases sociales son cada vez más importantes,
se produce un dominio de una clase sobre otra, la clase dominante y la clase
dominada. Ésta última se ve imposibilitada de disfrutar de las producciones
culturales más sofisticadas. Ambos grupos viven la realidad de modos
diferentes. Van construyendo, día a día, en la búsqueda de satisfacer sus
necesidades, una cultura propia de la realidad social que les toca vivir. Viven
la realidad de forma distinta, y van creando pautas diferentes: se originan
así, la cultura letrada (formación
intelectual de los sectores dominantes) y la cultura popular (forma cultural de las clases marginadas).
Si el
encuentro de culturas se produce en el marco del respeto por las diferencias,
con valoración por la cultura y los habitantes, es probable que cada cultura
tome los aspectos de la otra que le resulten más útiles o interesantes. Se
trata entonces de un encuentro que trae como consecuencia una transculturación.
Utilizando
como ejemplo el caso de la conquista europea de América cuando una sociedad
somete a otra, generalmente mediante la fuerza, o la presión económica, trabaja
fundamentalmente sobre su sistema ideológico. Es un trabajo sobre los
imaginarios de la población dominada.
Las
sociedades actuales se enfrentan con viejos y nuevos problemas que involucran
la profundización de la inequidad en la distribución de la riqueza, aumento de
grandes porcentajes de desempleados, la agudización de la pobreza y de la
brecha entre pobres y ricos, entre otros.
Se
trata de la acentuación de procesos de fragmentación social que se evidencian
en el arrojamiento de grandes sectores de la población a situaciones extremas
de exclusión y vulnerabilidad social.
En
estas condiciones de desigualdad social, los sujetos se encuentran ante la
urgencia de organizar sus vidas en el día a día, en situaciones de
incertidumbre acerca de lo que vendrá. El futuro se presenta como un tiempo
difícil de proyectar.
Se
produce un cuestionamiento de los marcos de referencia que nos orientaban y,
junto con ello, una pérdida de horizontes que nos enfrenta al desafío de
construir otras referencias y sentidos. En este escenario, la escuela no ha
permanecido inalterada.
En esta
transformación del presente en el que vivimos las escuelas se transforman en espacios escolares “multiculturales”, que son atravesados por el aumento de
la pobreza.
Las
preocupaciones por la diversidad de los sujetos vienen de la mano del problema
de la pobreza y es así como se instala la sospecha de que estas diferencias
suponen puntos de partida diferentes que tienen que ser compensados a la hora
de aprender. Es así como en las políticas que buscan compensar está presente la
idea acerca de lo que el otro puede y de lo que el otro necesita para poder
aprender desplazando el problema de la igualdad desde la oferta a la
receptividad de la oferta.
El
riesgo es que por adecuar o adaptar la educación al contexto de recepción ésta
se acorte o se reduzca.
“El
concepto de equidad designa igualdad de oportunidades y compensación de las
diferencias”.
La
preocupación se centra no sólo en ofrecer las mismas oportunidades a todos,
sino también en cuidar o velar por las condiciones en las que los sujetos se
posicionan frente a esa oferta.
La
educación no puede existir sin la función estructural de que el niño aprenda.
El niño debe aprender.
La educación
requiere de aprendizajes: una buena relación con la palabra, con los otros, con
los libros, con los conocimientos y las técnicas para (en algún momento) abrir
a la transformación, a nuevas inquietudes, a nuevos horizontes.
La
educación va más allá de los aprendizajes porque el acto educativo reenvía a
lo porvenir, a lo que aún no es, no tenemos, pero que sin el aprendizaje no
podemos lograr. Se inscribe más allá de cualquier finalidad, conculca nuestros
objetivos.
“La educación es un tiempo que sólo podemos atisbar en
la medida de nuestra confianza en ese otro radical que es el sujeto con el cual
trabajamos. “Algo hará, no sé qué exactamente…”.
La
escuela enfrenta esta problemática ofreciendo una educación adecuada a las
características de la población escolar, determinadas por sus condiciones
sociales de vida. Se postula una educación que se piensa de calidad en tanto se
ajusta a la medida de los alumnos que la reciban.
En las
escuelas muchas veces la pobreza es visualizada como un límite infranqueable
que se le presenta al educador y, por ende, una situación determinante de las
posibilidades de aprendizaje de los alumnos. En este sentido, es concebida como
un rasgo de los alumnos que los diferencia, colocándolos en una situación de
inferioridad.
La pobreza
es mirada, entonces, como una marca social y cultural que determina las
identidades de los sujetos.
Este
modo de pensar la relación entre educación y pobreza nos coloca, por un lado,
ante la idea de que la condición de pobreza inscribe en el cuerpo de los
sujetos marcas que pueden llegar a ser del orden de lo irreversible.
La
apuesta es la educación anclada en los procesos de transmisión en un sentido no
mecanicista. Deviene una práctica que pone en acto el derecho de todo ser
humano a ser sujeto. La condición es que el trabajo educativo, tanto escolar
como social, abandone la noción de perfiles poblacionales.
Hay que
jugar a no ser dioses capaces de dibujar el destino de los otros, y tal vez
podamos inventar nuevas maneras de trabajo en las instituciones educativas,
nuevas modalidades, para que los niños encuentren sus maneras de elaborar,
construir y modificar recorridos propios, es decir, hacer de la educación un
antidestino, práctica que juega contra la asignación cierta de un futuro que se
supone ya previsto.
La
escuela como lugar de transmisión de la herencia cultural y de formación de las
nuevas generaciones tiene la función de ofrecer herramientas valiosas que les
permitan a los niños comprender el mundo, analizar las situaciones sociales que
día a día nos atraviesan.
Nuestra
tarea se juega en la compleja tensión entre no dejar a los niños librados a sí
mismos y a sus propios recursos, y no ejercer sobre ellos la violencia que
implicaría el desprecio, la piedad, la compasión que no hacen otra cosa que
sostener y profundizar la desigualdad.
El aprendizaje escolar es una de las facetas de la
educación y tiene como meta la inscripción de las nuevas generaciones en la
cultura, junto con la función de las familias.
El hecho educativo se devela como un fenómeno
complejo, multidimensional atravesado por diferentes factores: filosóficos,
epistemológicos, pedagógicos, psicológicos, sociales, políticos, económicos,
culturales.
“El hecho educativo como fenómeno interpersonal
complejo no nos permite la aplicación de fórmulas fijas para su comprensión y
abordaje”.
En cambio miradas integrales, posibilitan la creación
de escenarios escolares en los cuales cada uno de los agentes educativos juega
un papel que se halla en íntima y sostenida articulación con el de los otros
para que el aprendizaje acontezca, allí donde parece dificultoso.
Para muchos niños la asistencia a la escuela concierne
un verdadero desorden a desentrañar intelectual, afectiva y socialmente en
tanto deben adaptarse a una cultura institucional que no siempre parte de sus
experiencia previas, sus modos de vida, creencias e intereses, para construir
junto a otros, conocimientos significativos que amplíen sus horizontes sociales
y los preparen paulatinamente para ser sujetos pro-activos y críticos de la
realidad.
El paradigma integracionista se instaló al
mismo tiempo que el modelo económico neoliberal. Mientras se pedía que la
escuela integrara a los niños con rasgos, identidades y contextos diversos las
políticas económicas y sociales hacían sentir cada vez más los efectos
devastadores de la exclusión. En este contexto el discurso de la diversidad
tuvo efectos concretos de tolerancia, despreocupación o abandono hacia los
sectores marginados y permitió actualizar un ámbito conocido para los niños más
pobres: la escuela especial. La
discapacidad es uno de los rostros de la pobreza extrema.
La escuela especial siempre ha sido un destino posible
para los niños pobres que no se adaptan a la escuela común. Tal es el caso de
Maxi que por ser repetidor su maestra, directora y la psicopedagoga de su
escuela le sugieren este destino. Él se resiste, la familia se niega y advierte
que Maxi siempre “padeció la escuela”.
Finalmente la madre no acepta esta sugerencia y lo
cambia de colegio, a otro público. En esta escuela encuentra a una maestra que
se preocupa y ocupa de su aprendizaje, Maxi avanza a su tiempo y ritmo, estudia
y cada vez se interesa más por aprender.
El desafío del docente, es el de recrear las
condiciones que posibiliten a los niños la construcción del conocimiento.
Debemos pensar al sistema desde la estructura social
que tenemos, dinámica en la que existen grupos e intereses en lucha. En las
instituciones educativas públicas están presentes todos los grupos sociales y
sus luchas.
Los sujetos podemos resistir a esa desigualdad, la
subjetividad del maestro es central para el cambio educativo y la escuela tiene
un sentido particular para los grupos sociales. Les habilita el acceso a otros
mundos posibles, les da la posibilidad de reparar los vínculos primarios
dañados y construir nuevos modos de relación basados en la solidaridad y la
comprensión.
“Tal
vez la preocupación, la responsabilidad por el otro se refleje certeramente en
una imagen de hospitalidad, una hospitalidad sin condición, una hospitalidad
que no pide nada a cambio. Una hospitalidad que no haga del otro un deudor
eterno de una deuda que siempre, será impagable. Por eso, tal vez acoger al
otro en la educación sea más bien recibirlo sin importar su nombre, su lengua,
su aprendizaje, su comportamiento, su nacionalidad”.
CONCLUSIÓN
La
educación es el acto de ofrecer un sitio para que el que viene pueda habitarlo
sin ser reducido a la lógica de la normalización, sin ser reducido a lo
“esperado”.
Depende
de cada comunidad educativa que el límite de la pobreza no se constituya en el
límite educativo, a través de las representaciones colectivas que se instauran
en torno a las capacidades de aprender, las expectativas a futuro y cómo se
configure la particular tensión entre “lo pedagógico y lo asistencial” que
invade las escuelas en contextos de pobreza. Esta tensión no significa que la
escuela deje de enseñar para asistir sino que enseña, cuando asiste.
Desde
esta perspectiva, la escuela tiene un sentido particular para los grupos
sociales. Se erige en un “horizonte de lo posible”.
La
escuela constituye un nuevo referente simbólico para estos sectores, les
habilita el acceso a otros mundos posibles en la que confluyen la experiencia
barrial y la experiencia institucional. Es allí donde tienen la posibilidad de
reparar los vínculos primarios dañados, donde tienen la posibilidad de
construir nuevos modos de sociabilidad basados en la solidaridad y la
comprensión.
El
mejor modo de relacionarse con la diversidad cultural desde el sistema
educativo es desde el DIÁLOGO CULTURAL, que responde a un proceso de
intercambio cultural permanente. Considera a la diversidad cultural como una
riqueza. Construir desde la escuela la búsqueda de un diálogo intercultural es
una necesidad que posibilitará una mejor calidad educativa.
BIBLIOGRAFÍA
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Pedagogía Social: un lugar para la
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Los contextos educativos de riesgo.
Sagastizábal,
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Dussel, Ines-
Southwell, Myriam. La escuela y la
igualdad: renovar la apuesta.
Paulo Freire
Cartas a quien pretende enseñar
· Primera Carta: Enseñar-aprender. Lectura del mundo-lectura de la palabra.
· Segunda Carta: No permita que el miedo a la dificultad lo paralice.
· Tercera Carta: “Vine a hacer el curso de magisterio porque no tuve otra posibilidad”.
· Cuarta Carta: De las cualidades indispensables para el mejor desempeño de las maestras y los maestros progresistas.
· Quinta Carta: Primer día de clase.
· Sexta Carta: De las relaciones entre la educadora y los educandos.
· Séptima Carta: De hablarle al educando a hablarle a él y con él; de oír al educando a ser oído por él.
· Octava carta: Identidad cultural y educación.
· Novena carta: Contexto concreto-contexto teórico. (Relación teoría y práctica)
· Décima Carta: Una vez más, la cuestión de la disciplina.
En términos sencillos un docente es una persona que tiene una salud mental aceptable para tratar con personas en situaciones de riesgo personal, que tiene tolerancia al conflicto en relaciones interpersonales, que tiene seguridad en sí mismo para estar delante de un grupo humano. Después debe saber algo bien sabido y saber contarlo bien contado. La enseñanza sigue siendo un tratamiento del conocimiento con unos seres que aprenden y, por eso, siempre hay que contemplar la materia a enseñar, hay que dominarla mucho más de lo que se pretende que los alumnos incorporen. Un docente hoy necesita ser un intelectual bien formado en uno o varios campos específicos del saber y debe contarlo de una manera interesante a un grupo de personas al que tiene que tratar de manera adecuada. Dicho así, parece algo que se agota rápidamente, pero es una cuestión bastante profunda. En un plano más técnico, deberá situarse social y políticamente en el lugar en el que vive: el contexto social, cultural, histórico y pedagógico. También debería ser capaz de trabajar en equipo y estar perfeccionándose constantemente porque la vida cambia mucho más de prisa de lo que cambian las aulas. El estar educándose de manera perpetua hoy es cuestión tanto del alumno como del docente.
Definición de autor: POBREZA
“Pobreza significa falta de bienestar
material, incertidumbre, aislamiento social, angustia, y falta de libertad de
elección y de acción“
Deepa Narayan
material, incertidumbre, aislamiento social, angustia, y falta de libertad de
elección y de acción“
Deepa Narayan
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